Hace un mes y medio descubrí, gracias a un libro titulado “Encantado de Conocerme” de Borja Vilaseca,  que soy un hombre de fe. Un ser humano que utiliza su cabeza la mayor parte del tiempo (me atrevería a decir que 25 horas cada día) pero que se mueve por instinto y pasión.

juego_transformacion_osho

Estaba en mi casa, conversando con mi mujer, sobre un tema tan cotidiano como el de las vibraciones y los pensamientos. Yo no terminaba de comprender que significaba vibrar alto, vibrar bajo, de que podían ir las emociones de vibración alta (el “amor” y la “alegría”) y las emociones de vibración baja (el “miedo” y la “tristeza”), así que tomé la decisión de hacerme una pregunta muy poderosa, y a la vez, exótica.

¿Qué podría hacer para vibrar mas alto?

Aquí le pedí a mi raciocinio que se tomase el día libre y recordando una reflexión de Jodorowsky sobre el juego de las cartas, me pregunté. ¿Y si dejara que fuera una carta la que me enseñara un poco sobre el camino a seguir?. Fui a por el mazo del “Juego de Transformación” de Osho, barajé las cartas y escogí una que se encontraba muy cerca del punto medio.

Carta Desapego

 

El Desapego. Aprende a Observar desde tu centro.

Tras descubrir que la carta era la número 31 “Desapego”, fui inmediatamente a leer la meditación escrita  que se encontraba en el libro de enseñanzas y parábolas que forma parte del Juego de la Transformación y gracias a ella conocí la historia de “Hakuin y el Niño”.

Para empezar te diré que me llevo de ella la siguiente verdad.

Soy lo que soy, y así es como voy a ser

Si hago una retrospectiva de lo que ha sido mi vida me doy cuenta que he sido muy poco consecuente con ella. Muchos lo llaman “ser egoísta”, y así dejé que esta idea entrara en mi cabeza y comenzara a crecer para terminar siendo uno de los jueces que me han gobernado durante muchos años.

Pero hay mas, esta historia nos habla del hombre ordinario y del hombre meditativo. El primero no acepta quien es, incluso muchas veces ni lo sabe y por ello está siempre pendiente del exterior, de los juicios, opiniones, alabanzas o críticas de los demás. Necesita sentirse valioso y su forma de medir ese valor queda definido por una formula repleta de variables que escapan a su control.

El hombre meditativo sabe quien es y además acepta su propia naturaleza. Vive en sociedad, como los demás, y por ello recibe muchas críticas, sin embargo, el solo observa y muchas veces utiliza una herramienta tan poderosa como sedante del veneno léxico. Te hablo de la risa. Simplemente se hace una sencilla pregunta, ¿quiénes son ellos?, y la respuesta es que son hombres poseídos y dominados por creencias, opiniones y dogmas ajenos a su propia experiencia.

El desapego natural se alcanza cuando puedes observar todo lo que ocurre a tu alrededor desde el punto que tu mismo has elegido. Tu eres ese punto, ese sentimiento, esa sensación y da lo mismo lo que digan porque tu nueva vibración es tan alta que está al margen de las bajas frecuencias distorsionantes emitidas por los demás.

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